Adrián Goizueta y mi grupo experimental

 

Leer este libro, donde los protagonistas son un grupo de entrañables amigos músicos ticos y un querido hermano trovador sureño, que un día, después de una cena con empanadas argentinas y gallo pinto decidió venirse a aventurar a esta región del mundo, no solo es interesante, sino, además, en el caso de Adrián Goizueta y mi grupo experimental, como ha titulado María Lourdes Cortés este trabajo, es como hacer un recorrido por una larga historia llena de emociones múltiples: desvelos, grandes escenarios y modestos bares, vino, rones, cansancio, ternura, cicatrices que se vuelven a abrir, compromiso con la vida sin fronteras, abrazos breves, ausencias prolongadas, pero sobre todo, un deseo permanente de conspirar en el oficio de la música, el canto y la poesía… Porque ellos son “Amigos del tiempo y aprendices del camino…”, como los mismos Adrián Goizueta y Fidel Gamboa lo afirman en una canción autobiográfica, compuesta a dúo.

María Lourdes Cortés, destacada escritora e investigadora costarricense, estudiosa de la obra  de cantautores latinoamericanos y admiradora del trabajo musical de Adrián y el Grupo Experimental, con un lenguaje directo en el que es evidente el cariño y el respeto por este grupo de artistas y la nostalgia por los años ochenta, matizados con anécdotas, humor y fotos documentales, logra recoger opiniones encontradas, confesiones de los de antes, de “los fugados”, como le gusta decir a ella, cuando se refiere a Rafa, Fidel, Iván y Jaime, y de los llegados a destiempo y a contratiempo, y de los que se quedaron con Adrián en el momento en que se cerraba el primer capítulo o ciclo de vida del Grupo Experimental, sin duda alguna, como la autora lo define: el mejor.

En estas doscientas y tantas páginas que he leído con especial interés, Lourdes me ha hecho reflexionar sobre los veinte años del movimiento del llamado Movimiento de la Nueva Canción Costarricense, importante referencia de la cultura popular de este país, y me obligó a recordar mi propia experiencia como trovador en este hermano país, donde indocumentado y feliz, compartí  esos años con grandes amigos como Orlando “El Macho” Gamboa, Paco Goldemberg, Ricardo Blanco, Rubén Pagura, Quincho Rodríguez, Rosi Soley, Rigo Salas, Manuel y Bernal Monestel, Rafa Acosta, Dionisio Cabal, Marisol Carballo, los hermanos Juan y Fernando Mena, la inolvidable folklorista Emilia Prieto, Patricio Primus, Víctor y Alejandra, y por supuesto, Adrián Goizueta, con quien desde hace veinticinco años que nos conocimos en el Centro de Cultura Popular (CECUPO), en aquellos días de tanto trajín por la Revolución nicaragüense, sobreviviendo y “Amando en tiempo de guerra” hicimos una amistad que aún perdura porque fue el canto el que nos enseñó a crecer en nuestro auto-exilio… Nuestros hijos y nuestras canciones se hicieron mayores de edad y encontramos un sentido de patria en el oficio de músicos itinerantes, denunciando y testimoniando nuestra realidad, comprometidos con la Solidaridad.

Fue la música la que nos hizo más humanos y más hermanos…

Leer este libro es por eso para mí, reafirmar que valió la pena, a pesar de los tiempos difíciles, haber dejado que la música nos invadiera los sentidos con la honrada decisión de entregarnos a ella en cuerpo y alma… Es lo que he percibido y aprendido del trabajo profesional y experimental de Adrián y de cada uno de los integrantes del Grupo, independientemente de sus distintas etapas, crisis y contradicciones. He compartido con ellos canciones, viajes, entrevistas, plazas, teatros, estudios de grabación, y soy testigo de la calidad y la calidez de su trabajo profesional. Lo más valioso de todo, es sin duda alguna, el resultado de estos años de militancia sin mordaza ni bozal, desde una perspectiva de cantar a lo cotidiano, asumiento “por amor al arte” el compromiso de ser ellos mismos, sin exclusiones ni barreras … en un país democrático con “güilillas descalzos” y con músicos con identidad propia y gran sensibilidad social, creativos y luchadores.

Este libro de Lourdes Cortés es entonces, como ver transparentemente la parte más humana de cada uno de los miembros  de este excepcional grupo musical, fenómeno particular sucedido en los últimos veinte años del Exsiglo en el medio artístico y cultural de Costa Rica. Experimento con influencias de la música clásica, el tango, el jazz y la música del Caribe, hermanado a la poesía, el teatro y el cine.

Estoy seguro que su lectura, especialmente en las nuevas generaciones, permitirá conocer los orígenes y la formación de este Quijote Argen Tico de la música latinoamericana. Sin restarle méritos a los fundadores del Experimental donde cada uno ha dado un importante aporte al lenguaje poético-musical, y ha sido una pieza necesaria en el engranaje y funcionamiento de este proyecto, Adrián Goizueta fue y es el impulsor y promotor de este proyecto. Porque como bien dice Lourdes en su libro: Adrián es un Alquimista de la Música y la Amistad…

Y como no… Adrián Goizueta y el Grupo Experimental está en la memoria no sólo de su pueblo, sino de un público más allá de nuestras fronteras. En tiempo de Guerra o de mariposas, Eugenia y Compañera seguirán siendo obligadas canciones de la esperanza… Por eso, Sabes qué Lourdes?, tengo más motivos que el Elefante, y me sobran razones inspiradas en la admiración y el respeto, para decir que Adrián y el Grupo Experimental, no pertenecen al pasado porque su obra artística y su aporte a la cultura siempre “Será futuro…”

Gracias por darme un nuevo pretexto para venir desde Nicaragua que es también “una tierra de volcanes y de ríos profundos y violentos…” Como dice Fidel Gamboa en su canción “Acerca del tiempo y la memoria”. Gracias por hacerme cómplice del lanzamiento de este importante libro que como expresa su autora, no es solo un rescate de una parte de la memoria del país, sino, sobre todo, un homenaje a la amistad.

Para mí es un gran gusto y una enorme alegría presentarlo y compartirlo con Lourdes Cortés  y todos ustedes y especialmente con mi hermano Adrián y el Grupo Experimental: Esa “tropa de locos que con su carga a cuestas, avanza, jineteando el viento y derrotando olvidos…” y sigue tercamente persiguiendo utopías y reinventando la vida con la música.  
 
 

Luis Enrique Mejía Godoy

San José, Costa Rica

 

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